Matrimonio gay con final abierto en el Senado
julio 7, 2010, 3:38 pm
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La mayoría de la comisión aprobó un dictamen para que el miércoles 14 el cuerpo decida si trata o no el proyecto aprobado en Diputados. El dictamen de minoría respalda esa iniciativa. Un tercer dictamen propone la unión civil, aunque para tratarla más adelante.
Por Soledad Vallejos

Quince minutos alcanzaron para que la mayoría de la Comisión de Legislación General del Senado avalara un dictamen que propone rechazar la ampliación del matrimonio civil aprobada por Diputados. Con el respaldo de nueve firmas (una de ellas de María José Roldán, a quien hasta ayer se creía favorable), la semana próxima la decisión de tratar o no el proyecto sobre derechos igualitarios recae en el cuerpo de la cámara. En caso de que decida debatirlo, la sesión considerará el dictamen apoyado por los seis integrantes de la minoría, que proponen aprobar el proyecto de matrimonio. Con esa curiosa ingeniería parlamentaria, “lo único que querían era que no saliera con dictamen de mayoría el proyecto de matrimonio. De todas maneras, contamos con que esa propuesta de rechazar el proyecto va a perder, por lo que, a continuación, sí vamos a poder tratar el dictamen de minoría, que es aprobar la ley de matrimonio”, explicó a esta cronista la senadora chaqueña Elena Corregido. El dictamen de mayoría es tan curioso que, al proponer el rechazo, omite dos de las tres posibles acciones parlamentarias ante un proyecto originado en la Cámara de Diputados: modificarlo o aceptar explícitamente su tratamiento.

La complejidad repentina de las decisiones de senadoras y senadores llegó a dar por supuesto que en la sesión del miércoles 14 podría considerarse un proyecto sobre unión civil. La propia presidenta de la comisión, Liliana Teresita Negre de Alonso, lo afirmó ante las cámaras de televisión, aun cuando resulta imposible, porque ninguno de esos proyectos cumple con el requisito de tener dictamen de comisión. La cortina de humo, tras la brevísima reunión, corrió durante algunas horas. Pero “aunque hayan empezado a decir lo contrario, es claro que no importa otorgar ningún derecho a los homosexuales, porque ni siquiera consensuaron un proyecto de unión civil a partir de todos los proyectos que ya había presentados”, observó Corregido, en referencia al genérico y difuso tercer dictamen que propone elaborar un texto que unifique ideas en torno de la unión civil. Tan lejos parece estar esa labor de consenso que, al comenzar la reunión, Negre anunció que ingresaba a la comisión un nuevo proyecto sobre uniones civiles (“contrato civil de solidaridad”), esta vez firmado por Juan Carlos Romero.

El encuentro de la comisión tuvo toda la calma y el silencio que faltaba en la puerta del Senado, donde un amontonamiento de señoras forcejeaba sin disimulo con cualquiera que intentara entrar. “Tuvimos que cerrar porque se pusieron loquitas”, comentaba un empleado de seguridad a otro en la puerta reservada a los senadores. Del montón reunido unos metros más allá salieron carterazos cuando ingresaron los representantes de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA); empujones bravos y gritos de indignación cuando intentó lo propio este diario. Después entró María Rachid y el resto de los dirigentes y militantes de la Falgbt. Escaleras arriba, el cordobés Luis Juez, el primero de los senadores en pisar la Sala Illia, repetía por enésima vez a un señor que le preguntaba sus razones: “Los derechos no se compatibilizan; el que está a favor, está a favor y listo”. A sólo algunas sillas de distancia, una de las asesoras de la diputada Cynthia Hotton intentaba tranquilizar a unas señoras preocupadas por lo que pudiera pasar durante la reunión.

A las tres y cuarto de la tarde hubo quórum. Liliana Negre enumeró el trabajo que la comisión realizó desde que el proyecto llegó de Diputados. “Hemos recorrido exactamente 14.147 kilómetros aéreos más 445 kilómetros terrestres, porque en algunos casos nos hemos trasladado en auto de una provincia a otra. En total, 14.592 kilómetros. Hemos recepcionado 957 exposiciones en el interior, 94 exposición acá, en la sede del Senado. Hemos realizado ocho reuniones en el Senado y nueve en provincias, con un promedio de 8 o 10 horas en provincias.” Con eso, aclaró Negre tras agradecer a quienes colaboraron en ello, procuraba demostrar que “he cumplido… bueno, hemos cumplido, la Comisión de Legislación, con la manda” de “debatir este proyecto… estoy proyectos de leyes” y llegar en fecha a dar dictamen. “Dios mediante, se cumplirá el 14 de julio” con el tratamiento del proyecto en recinto.

Minutos después, tras enumerar el proyecto sancionado en Diputados y los cinco ingresados en Senado, comenzaron a circular documentos de mano en mano entre senadoras y senadores. Ausentes el tucumano José Manuel Cano y el correntino José María Roldán, cuyos aviones se habían demorado, Negre puso a consideración los proyectos “a fin de emitir dictamen”. La salteña Sonia Escudero estuvo entre las primeras en firmar el dictamen que propone el rechazo.

Con la presencia del presidente del bloque del FpV, Miguel Angel Pichetto, llegado casi al mismo tiempo que el neuquino Marcelo Fuentes y su “buenas noches” susurrado a algunos pares, Negre anunció que se ponía a consideración el dictamen favorable al proyecto de ampliación del matrimonio civil. Pichetto aclaró que estaba presente en nombre de “la mayoría del bloque” oficialista, que acompañará el proyecto en el recinto. Luis Juez, Pedro Guastavino, Nicolás Fernández, Marcelo Fuentes y Guillermo Jenefes firmaron el dictamen; la firma de Liliana Fellner llegaría hacia el fin de la tarde, una vez que se resolviera administrativamente su nombramiento en reemplazo de Sergio Mansilla. María José Bongiorno, a quien hasta entonces se mentaba favorable al proyecto, se excusó cuando le presentaron ese dictamen a la firma; instantes después firmaba por el rechazo. Roldán y Cano harían lo propio al llegar al Senado. La lista se completó con Mario Cimadevilla, Adriana Bortolozzi, Ramón Mestre y Negre. Recordando que habían trabajado inclusive durante las semanas en que la Selección Argentina competía en el Mundial, Negre se congratuló una vez más: “La comisión ha cumplido. No es risa, trabajamos”.

La paz se esfumó en segundos. Tan tumultuosa como la entrada fue la salida, o tal vez más. “Si hay una pareja de homosexuales y otra de heterosexuales en iguales condiciones para adoptar a un chico, ¿qué preferís? ¿Por qué no te jugás? ¿No preferís una pareja normal?”, increpaba una señora exaltadísima a Luis Juez en su camino hacia la puerta. “¡El pueblo no quiere esto!”, gritaba otra, interceptada en un segundo por el activista Alex Freyre: “Nosotros también somos el pueblo”. Comenzaban decenas de conversaciones y debates que, con el correr de los minutos, bloquearon los pasillos del edificio. Negre explicaba a un movilero de TV por qué temía que comenzara el tráfico de semen. Alguien relativizaba los matrimonios ya celebrados, mientras Freyre reclamaba a un hombre ofuscado: “Respete mi matrimonio, no me trate de soltero”. Un poco más allá, una de las expositoras recibía la bendición de un pastor. “¡Viva la familia!”, arengaron unas voces juveniles. “¡Viva!”, respondían otras.


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